LA POLÍTICA TAMBIÉN
DEBE RESPONDER.
La política es servicio público. Pero cuando se ejerce de forma profesional, remunerada y con recursos públicos, también debe existir una cultura clara de responsabilidad.
Quien ocupa una responsabilidad pública recibe la confianza de los ciudadanos para tomar decisiones que afectan a millones de personas, gestionar recursos comunes y dirigir instituciones. Esa legitimidad democrática es imprescindible, pero no debería agotar todas las preguntas sobre cómo se ejerce el cargo.
Queremos una política profesional.
Una política en la que la preparación, la experiencia, la actividad desarrollada, los recursos utilizados y los resultados puedan conocerse y explicarse de forma comprensible.
Una política en la que ocupar un cargo no sea suficiente por sí mismo para justificar cómo se ejerce.
Una política en la que la responsabilidad no termine el día de las elecciones.
POLÍTICO, HAZTE AUTÓNOMO nace de una idea sencilla: cuando alguien ejerce una actividad profesional, existen obligaciones asociadas a esa actividad.
No proponemos convertir la representación política en una relación mercantil ordinaria ni trasladar sin más a los cargos públicos el régimen actual de los trabajadores autónomos.
Proponemos abrir el debate sobre algo distinto: diseñar un modelo de responsabilidad profesional adaptado específicamente al ejercicio de la política.
Un modelo que permita diferenciar con claridad la remuneración personal de los medios institucionales; conocer qué recursos se utilizan; documentar la actividad desarrollada; hacer públicos los objetivos; explicar los resultados; y establecer obligaciones profesionales compatibles con las garantías democráticas de la función pública.
La política debe seguir siendo accesible a cualquier ciudadano, independientemente de su patrimonio o procedencia. Profesionalizarla no significa convertirla en una profesión reservada a una élite ni exigir una titulación concreta para participar en democracia.
Significa elevar el nivel de responsabilidad asociado a quienes hacen de la política su actividad profesional.
También asumimos
una obligación propia.
Esta iniciativa debe aplicar el mismo criterio gobierne quien gobierne.
Las fuentes deben poder comprobarse.
Los hechos, los cálculos y las estimaciones deben diferenciarse.
Lo que no pueda conocerse con rigor debe decirse.
Y cuando un dato sea incorrecto, debe corregirse.
No queremos sustituir una consigna por otra.
Queremos abrir una pregunta que creemos que merece una respuesta pública:
¿Qué obligaciones debería asumir quien ejerce profesionalmente la política y vive de ella?
Ese es el debate que queremos abrir.
POLÍTICO,
HAZTE
AUTÓNOMO.